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martes, 28 de octubre de 2008

El primer ensayo

¿Alguien sabe cómo se orienta un pingüino en un garaje? Pues seguro que mejor que nosotros en el primer ensayo.

En realidad estoy exagerando...

El problema del primer ensayo formal es que hay que desoxidar los engranajes interpretativos de cada uno, que durante el verano han servido sólo para convencer a la chica (o chico) de turno de que éramos el hombre (o la mujer) de su vida y ganarnos sus... favores. A decir verdad, no es mal entrenamiento para mantener el motor actoral a punto. También es verdad que el texto es completamente nuevo y los actores aún no se han familiarizado con él, lo que disminuye la eficacia y el ritmo en un ensayo.

El director también tiene que desempolvar el cerebro y ponerlo en marcha para que las escenas queden montadas con cierta coherencia... porque el valor artístico se va consiguiendo a medida que los ensayos avanzan. De momento, más vale darse con un canto en los dientes si el director sabe interpretar los garabatos que hizo hace un mes cuando desempeñaba funciones de escritor, en los que trataba de reflejar de manera mas o menos fiel a la realidad los movimientos de los personajes. Para ojos de alguien inexperto, esos garabatos se reducen a un rectángulo similar al que dibujaría alguien ebrio, plagado de rayas sin sentido. Freud se frotaría las manos ante semejantes galimatías pictóricos...

El caso es que ya hemos arrancado. Por fin. Aunque aún nos falta un actor, el tiempo es oro y tenemos que empezar a trabajar. Hay que volver a despertar a nuestra mentes aunque sea a base de sudokus. De todos modos, estamos tratando de llenar esa vacante... de momeno, hemos forrado de carteles la Universidad entre Ana, Cris y un servidor. Veremos a ver si surte efecto.

O tendremos que recurrir al plan B...