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sábado, 14 de marzo de 2009

Tango (para varios)


Pasión. Desenfreno. Amor. Odio. Lujuria. Celos. Tropezones. Patadas. Pisotones... es el tango de Laura Morrigan.

Miki ha tenido que sufrir en sus propias carnes la tensión de tener que dirigir una de las escenas más complicadas de El Delirio de Laura Morrigan: la escena del baile. A pesar de estar versado en la cuestión de bailar el tango, Miki ha tenido que transmitir sus conocimientos a Ana y a Pedro. Y, desde luego, no ha sido fácil.

Primero ha habido que ajustar los pasos a la canción que hemos escogido (secreto de sumario) y al diálogo (más secreto de sumario todavía). Después, Miki ha comenzado a enseñar los pasos básicos a los actores, provocando que alguno acabase con las piernas anudadas al hacer el ocho (una figura del baile, claro). De todos modos, los actores son de categoría, así que fueron capaces de bailar el tango al ritmo de la música. Lo de decir el diálogo a la vez que bailan es otro cantar. Eso lo procuraremos ensayar más adelante. De momento, cada vez que bailan, el diálogo lo vamos leyendo Cristina y yo, para procurar que todo coincida.

Y la escena quedó preciosa. A pesar de tener a Rubén y Cristina tratando de seguir los pasos de Pedro y Ana de una manera un tanto... ortopédica, digamos.

De todos modos, dejo unas pequeñas directrices por si quieres bailar el tango en casa con alguien:

1-Asegúrate de que estás en un espacio abierto (a ser posible, que no haya nada frágil alrededor ni personas con hemofília).

2-Bailar con tacones es sólo para bailarines expertos.

3-Cada pisotón imprime carácter.

4-El tango es un baile de distancias cortas y pasional, pero no justifica que se puedan restregar nuestras partes pudentas con las de la pareja.

5-La línea entre poner la mano en la espalda y en las posaderas es muy delgada.

6-Es imprescindible que los pasos vayan al ritmo de la música.

Menos mal que ningún argentino presenció el tango...

Bromas a parte, quedó muy bien. Después de ensayar el tango, hicimos una lectura del libreto para repasar la entonación adecuada para cada escena y Carmen y Ana no fueron capaces de dar una a la primera. Hubo más balbuceos que en una barra libre.

Y un, dos, tres, cuatro...

viernes, 27 de febrero de 2009

El ensayo del borracho.

Que nadie se eche las manos a la cabeza, que de momento, que yo sepa, ningún actor ha ido a ensayar en estado de embriaguez (de resaca, varios días, de eso no me cabe la menor duda...)

El caso es que en una de las escenas que debíamos ensayar hoy, Miguelillo tenía que hacer como si estuviera borracho y el efecto no ha llegado a ser el deseado... de hecho, podemos decir que Miguel imita a la perfección a un francés, a un inglés y a un mejicano, pero de ebrio no tiene nada (por suerte para él, por otra parte). Como era de esperar, las risas han sido generalizadas.

Como en el caso de la actuación de Carmen. Por motivos del argumento que no vamos a revelar, su personaje debe aparecer haciendo una serie de abdominales. En realidad, el personaje de Carmen era antes el de un hombre, pero por motivos de plantilla se ha tenido que adaptar para que sea una mujer. De Román pasó a llamarse Julia. Y de la frase "no quiero poner nervioso a nadie con mi torso sudoroso", el libreto ha cambiado a... "no quiero poner nervioso a nadie con mis pechos sudorosos". Ha sido necesario repetir la escena cuatro veces seguidas para evitar las carcajadas. Pero ha salido al final.

Lástima que Rubén no lo haya podido ver. Desgraciadamente, su madre le ha dejado encerrado en casa (y no, no es una broma). Se ha ido de casa con las llaves de Rubén y ha cerrado la puerta por fuera. Sólo queda esperar a que logren sacarle antes de que se convierta en un cadáver maloliente medio devorado por un montón de gatos hambrientos. Estamos contigo, Rubén...

Encierros involuntarios a parte, hay que reconocer que el ensayo ha resultado ser muy productivo y además extremadamente divertido. Sólo cabe esperar que las mismas carcajadas se reflejen en el patio de butacas el día del estreno...

martes, 25 de noviembre de 2008

Al borde de la muerte.


Hoy, 24 de noviembre de 2008, varios de los actores de la compañía In-Genious hemos estado al borde de sufrir lesiones físicas irreversibles e incluso la muerte, que es más irreversible todavía. Todo ha comenzado con un foco...

Necesitábamos un foco de cañón para ensayar los monólogos de Ana con la iluminación adecuada. Como no tenemos focos de cañón en nuestro humilde teatro, hemos decidido coger un foco normal y cerrar el diafragma al máximo. El problema era que el foco estaba colgado a unos dos metros y medio del suelo... y no tenemos escaleras.

El primer paso era descolgarlo. Ana se ha subido a una de las butacas que, creedme, tienen una estabilidad precaria. Ha desenchufado el foco, pero no llegaba al gancho que lo sujetaba a la línea de luces (una barra de hierro anclada al techo). Así que hemos requerido de alguien de una estatura superior... y, desgraciadamente para él, Jorge es el más alto de toda la compañía. Se ha subido a la butaca, apoyándose en Ana y en mí y ha logrado desengachar el foco ante la atenta mirada de Carmen, que estaba a punto de sufrir un infarto por lo arriesgado de la operación. Por suerte, Ana y Jorge han acabado bien... pero la historia no acaba aquí.

He mandado a Carmen que se encerrase en la cabina de dirección del teatro para buscar un foco que funcionase a parte del que habíamos descolgado. Cada foco pesa, sin exagerar, unos seis kilos los más pequeños y unos diez o doce los más grandes. Bueno, no son medidas exactas, pero pesan...

El caso es que mientras ensayábamos, hemos escuchado varios gritos, quejidos, lamentos y maldiciones varias de Carmen, que se ha pillado los dedos con una bisagra del eje de dirección del foco, ha sufrido el peso desmesurado de las luces y, al final, ha sufrido la resignación de que todo su esfuerzo ha sido en vano... porque no funcionaba ningún foco.

Pero el ensayo continuaba. Ana ha comenzado a recitar sus tres primeros monólogos, iluminada con el foco recién descolgado a modo de improvisado cañón. Yo decidí irme a la parte de atrás del teatro, donde estaba un solitario Pablo contemplando la escena. Aproveché para darle algunas directrices en cuestiones musicales. En ese momento, Carmen solicitó ayuda de Natassha, porque le resultaba imposible apagar todos los focos y encender el cañón todo a la vez sin sufrir ningún tropiezo. El caso es que la llegada de Natassha ha provocado más maldiciones, más golpes y más gritos de índole semi orgásmica, aunque después hemos deducido que eran de dolor. Y es que la cabina de dirección es diminuta...

Pero Ana, seguía a lo suyo. Recitando sus líneas con eficacia, pero quejándose de la fuerte luz del foco. El cuarto monólogo lo hace en compañía de Rubén, de Cris y mía, pero Cris se marchó antes, así que sólo Rubén y yo salimos a escena. En menos de dos minutos temíamos que nuestras retinas comenzasen a arder por la potente luz del foco. Ana ha empezado a ver machas de colores en vez de letras sobre el libreto. Rubén tardó varios segundos en recuperar la vista y yo aún bizqueo con el ojo derecho. Pero estamos vivos.

Y, a todo esto, Max haciendo fotos de todo el despropósito...

Y Rubén a punto de prender fuego al recinto por apagar un cigarro con un paquete de tabaco vacío dentro de una copa... como humeaba...

Y, Pedro, llegando tarde por culpa de una manicura con Rupert o algo así... como castigo, Ana casi le arranca la cabeza al tener que quitarle una chaqueta que le cubría en una escena... pero no ha pasado nada, sólo necesita llevar collarín durante los próximos tres meses...

Miguel es el único que no ha sufrido ningún tipo de daño...

Todo esto sin contar las múltiples amenazas que he profesado contra todos los miembros de producción y el reparto, que estaban especialmente revolucionados por sabe Dios qué causa... todo el mundo hablando, comentando, cuchicheando... y yo con fiebre. Y gritando, saltando, actuando y apasionándome con cada escena.

Quizás por eso la visita de Waz ha durado a penas unos minutos, ha debido asustarle semejante jaula de grillos.

Vamos, que el ensayo de hoy ha sido muy completito...

(En la imagen, el foco de la discordia...)

martes, 4 de noviembre de 2008

El ensayo de los trabados...

Ni hecho aposta. Parece que el libreto de El Delirio de Laura Morrigan lo haya escrito alguna clase de demente con ansia de torturar a los pobre actores que representan la obra. Está lleno de palabrejas retorcidas e incomprensibles, impronunciables para la mayoría de los mortales. Ni hecho a propósito, vamos.

Hoy en el ensayo ha caído todo el mundo, no ha habido una sola persona que no haya tenido dificultades a la hora de de leer alguna de sus frases, empezando por mí, pasando por Jorge y acabando por Ana, que ha soltado alguna que otra blasfemia que, por motivos de estilo, no reproduciré aquí... pero menuda sarta de tacos...

Por no hablar de las veces en la que la pronunciación de las frases ha sido algo así como una mezcla entre el gruñido de un animal enjaulado y el sonido de una bola de papel mojado cuando la tiramos contra el suelo... si no comprendéis lo que quiero decir, tratad de juntar los dos sonidos en vuestra mente... ¿a que lo habéis reproducido vosotros mismos alguna vez?

Para que esto no vuelva a suceder, he decidido proponer una serie de ejercicios que yo mismo practicaré... y supongo que seré el último que lo haga...

1-Di baloncestista
2-Di baloncestista con un lápiz en la boca.
3-Di baloncestista con un lápiz en la boca y saltando.
4-Di baloncestista con un lápiz en la boca, saltando y dibujando círculos en una hoja de papel.
5-Di baloncestista con un lápiz en la boca, saltando, dibujando círculos en una hoja de papel y chupándote un codo...
6-Deja de hacer tonterías y ponte a decir baloncestista hasta que no te trabes ni una vez. Cuando lo logres, puedes arrancar la página del diccionario donde sale esa palabra y quemarla.
#-Como nota personal diré que si has logrado hacer correctamente los pasos 4 y 5 deberías plantearte que eres un semidios o un mutante salido de algún laboratorio farmacéutico. Si es así, monta tu propia religión o vete a trabajar a un circo.

Durante el ensayo de hoy, se han sucedido dos anécdotas. El personaje de Cris, Calima, debía decir que la casa de Laura es dos veces más pequeña que la suya:

"Laura: ¿Qué pasa, es que no tienes casa?
Calima: Sabes que dos veces más grande que la tuya". (Diálogo original)

Cris ha decidido dar su toque y decir "sabes que dos veces más grandes que las tuyas"... lo ha dicho dos veces... ¿Dónde estaría la cabeza de Cris en ese momento? ¿En qué estaría pensando? ¿En dos melones de Villaconejos? ¿En dos calabazas de Halloween? ¿En la Ramona?... nunca lo sabremos...

La segunda anécdota la ha protagonizado una de las integrantes del equipo de producción, Carmen. Ha perdido su guante y nos ha movilizado a todos para encontrarlo. Gracias al cielo (a Dios, al Abismo o a la Nada, como queráis verlo) lo ha encontrado con todos sus dedos. Estaba debajo de la batería que hay en el escenario... ¿Es ese guante un artista en potencia, quizás?

Algo me dice que debo dejar de escribir ya... el nivel de chistes malos ha sido superado con creces por hoy...