sábado, 13 de diciembre de 2008

Excusas para faltar a un ensayo.

La siguiente lista de excusas son verídicas y ciertas al 100%. Esto no implica que todas sean de miembros de la compañía In-Genious, claro. También pertenecen a miembros de la compañía Shakespeare, mi primera compañía de teatro del colegio. Por supuesto, los autores de estas frases pertenecen en el anonimato. Pero, garantizado, son verídicas.

1-No puedo ir a teatro porque tengo que hacerme la manicura con Rupert.

2-No puedo ir a teatro porque mi madre se ha puesto de parto.

3-No puedo ir a teatro porque he ido al médico a ponerme un enema y no me ha sentado bien (juro que esta excusa es cierta al 100%).

4-No puedo ir a teatro porque se me han saltado los puntos de la operación de fimosis (esto sucedió en primero de la E.S.O. El chaval no volvió a ensayar con nosotros).

5-No puedo ir a teatro porque se me ha caído el libreto por una alcantarilla (¿Sería una indirecta?).

6-No puedo ir a teatro porque mi madre dice que la obra no es apta para mi edad (esto en cuarto de la E.S.O.)

7-No puedo ir a teatro porque los principios morales que defiendes aquí van contra los míos (en primero de Bachillerato, un chaval muy católico que no admitía que hiciese una pequeña parodia de un exorcismo).

8-No puedo ir a teatro porque me he levantado con fiebre (esa misma tarde me encontré al enfermo en cuestión conservado en vodka en un parque de mi barrio).

9-No puedo ir a teatro porque tengo examen y necesito repasar (suspendió... para eso, que hubiera venido, ¿no?).

10-No puedo ir a teatro porque aún no me sé el libreto (razón de más para que vengas, lechón... es que hay cada uno...).

11-No puedo ir a teatro porque tengo hora en la peluquería, que mañana tengo una boda.

12-No puedo ir a teatro porque me tengo que ir a comer antes de ir a clase.

13-No puedo ir a teatro porque se me ha olvidado el libreto en casa... (Qué más da, si no te lo sabes).

14-No puedo ir a teatro porque se me ha roto una uña (juro que se me hinchó la vena de la sien hasta dimensiones descomunales).

15-No puedo ir a teatro porque me tengo que marchar de viaje (a ese mismo le vi de nuevo conservado en vodka en el mismo parque que cuando estaba enfermo).

16-No puedo ir a teatro porque me urge más ir al centro de planificación familiar... (Por suerte, todo quedó en un susto en el que yo no tuve nada que ver).

17-No puedo ir a teatro porque me he quemado con la plancha del pelo y la herida tiene una pinta muy fea. (Al final, a la pobre se le infectó la herida).

18-No puedo ir a teatro porque me han pinchado las ruedas de la moto. (El chaval vivía a diez minutos contados andando de donde ensayávamos).

19-No puedo ir a teatro porque me ha bajado la regla. (Juro solemnemente que me lo dijo un chaval de doce años cuando llevaba un grupo de teatro infantil en el colegio).
20-¡Ah!, pero... ¿Había teatro?

Y muchas más que ya no consigo recordar... algunas de esas excusas era ciertas... otras resultaron ser auténticos fiascos, como ya he dicho. Y algunas de las obras en las que me dieron esas excusas llegaron a buen puerto... y otras no.

Dedicarse al teatro es duro... el teatro es como una relación amorosa masoquista en la que cuanto más te unes, más sufres y, cuanto más te alejas, más deseas sentir ese dolor... y en In-Genious somos los más masoquistas de todos.

Pero no nos olvidemos de que el teatro también es como un buen orgasmo: cuando lo alcanzas, sólo tienes ganas tienes de repetir por lo divertido que es. Y en In-Genious somos... bueno, descubridlo por vuestra cuenta...

¡¡Saludos desde El Abismo!!

viernes, 12 de diciembre de 2008

Parón involuntario.

El destino es caprichoso, esquivo y nada fiable. Y, durante dos semanas, nos ha jugado malas pasadas.

Llevamos dos semanas sin ensayar por culpa de una serie de catastróficos eventos que se han unido para ponernos la zancadilla y hacernos sufrir un poco: prácticas de clase que han llegado de manera súbita, problemas familiares, problemas de salud, una mala orientación de los astros... Pero las aguas vuelven a su cauce.

No sé si al otro lado de la pantalla habrá alguien leyendo esto. Pero he pensado que era de recibo dejar claro que seguimos trabajando a pesar de este breve parón involuntario.

El lunes, desde luego, regresamos con la crónica de un nuevo ensayo...

Saludos desde El Abismo.

martes, 25 de noviembre de 2008

Al borde de la muerte.


Hoy, 24 de noviembre de 2008, varios de los actores de la compañía In-Genious hemos estado al borde de sufrir lesiones físicas irreversibles e incluso la muerte, que es más irreversible todavía. Todo ha comenzado con un foco...

Necesitábamos un foco de cañón para ensayar los monólogos de Ana con la iluminación adecuada. Como no tenemos focos de cañón en nuestro humilde teatro, hemos decidido coger un foco normal y cerrar el diafragma al máximo. El problema era que el foco estaba colgado a unos dos metros y medio del suelo... y no tenemos escaleras.

El primer paso era descolgarlo. Ana se ha subido a una de las butacas que, creedme, tienen una estabilidad precaria. Ha desenchufado el foco, pero no llegaba al gancho que lo sujetaba a la línea de luces (una barra de hierro anclada al techo). Así que hemos requerido de alguien de una estatura superior... y, desgraciadamente para él, Jorge es el más alto de toda la compañía. Se ha subido a la butaca, apoyándose en Ana y en mí y ha logrado desengachar el foco ante la atenta mirada de Carmen, que estaba a punto de sufrir un infarto por lo arriesgado de la operación. Por suerte, Ana y Jorge han acabado bien... pero la historia no acaba aquí.

He mandado a Carmen que se encerrase en la cabina de dirección del teatro para buscar un foco que funcionase a parte del que habíamos descolgado. Cada foco pesa, sin exagerar, unos seis kilos los más pequeños y unos diez o doce los más grandes. Bueno, no son medidas exactas, pero pesan...

El caso es que mientras ensayábamos, hemos escuchado varios gritos, quejidos, lamentos y maldiciones varias de Carmen, que se ha pillado los dedos con una bisagra del eje de dirección del foco, ha sufrido el peso desmesurado de las luces y, al final, ha sufrido la resignación de que todo su esfuerzo ha sido en vano... porque no funcionaba ningún foco.

Pero el ensayo continuaba. Ana ha comenzado a recitar sus tres primeros monólogos, iluminada con el foco recién descolgado a modo de improvisado cañón. Yo decidí irme a la parte de atrás del teatro, donde estaba un solitario Pablo contemplando la escena. Aproveché para darle algunas directrices en cuestiones musicales. En ese momento, Carmen solicitó ayuda de Natassha, porque le resultaba imposible apagar todos los focos y encender el cañón todo a la vez sin sufrir ningún tropiezo. El caso es que la llegada de Natassha ha provocado más maldiciones, más golpes y más gritos de índole semi orgásmica, aunque después hemos deducido que eran de dolor. Y es que la cabina de dirección es diminuta...

Pero Ana, seguía a lo suyo. Recitando sus líneas con eficacia, pero quejándose de la fuerte luz del foco. El cuarto monólogo lo hace en compañía de Rubén, de Cris y mía, pero Cris se marchó antes, así que sólo Rubén y yo salimos a escena. En menos de dos minutos temíamos que nuestras retinas comenzasen a arder por la potente luz del foco. Ana ha empezado a ver machas de colores en vez de letras sobre el libreto. Rubén tardó varios segundos en recuperar la vista y yo aún bizqueo con el ojo derecho. Pero estamos vivos.

Y, a todo esto, Max haciendo fotos de todo el despropósito...

Y Rubén a punto de prender fuego al recinto por apagar un cigarro con un paquete de tabaco vacío dentro de una copa... como humeaba...

Y, Pedro, llegando tarde por culpa de una manicura con Rupert o algo así... como castigo, Ana casi le arranca la cabeza al tener que quitarle una chaqueta que le cubría en una escena... pero no ha pasado nada, sólo necesita llevar collarín durante los próximos tres meses...

Miguel es el único que no ha sufrido ningún tipo de daño...

Todo esto sin contar las múltiples amenazas que he profesado contra todos los miembros de producción y el reparto, que estaban especialmente revolucionados por sabe Dios qué causa... todo el mundo hablando, comentando, cuchicheando... y yo con fiebre. Y gritando, saltando, actuando y apasionándome con cada escena.

Quizás por eso la visita de Waz ha durado a penas unos minutos, ha debido asustarle semejante jaula de grillos.

Vamos, que el ensayo de hoy ha sido muy completito...

(En la imagen, el foco de la discordia...)

viernes, 21 de noviembre de 2008

El ensayo del buen rollo


Sé que llego con dos días de retraso y lo siento... pero aquí está el resumen del ensayo del miércoles...

El miércoles pasado no comenzó como un miércoles cualquiera... había algo diferente en el ambiente... era como una especia de felicidad, alegría, optimismo... como buen rollo.

Es muy posible que las culpables fueran unas narices verdes de plástico que comenzaron a florecer como hongos después de una tormenta por toda la Universidad. Allá por donde fueras, podías encontrarte a gente luciendo su flamante nariz verde. Y lo cierto es que esa escena inevitablemente se arrancaba una sonrisa. No sé si las narices serían verdes por alguna razón en especial, el caso... es que a todo el mundo le hacían reír.

Así que yo no fui menos. Me enfundé mi nariz verde nada más conseguir una y no me la quité en todo el día y mucho menos en el ensayo. Tal vez por eso los actores me perdieron el respeto más que de costumbre. Cris estuvo mofándose de mí durante la hora y media que estuvimos en el teatro. Ana no podría concentrarse para leer sus líneas. Miguelillo se tapaba continuamente la cara para evitar mirarme. Jorge se despistaba cada vez que miraba mi nariz verde. Y Pedro miraba al cielo, implorante, pensando que qué demonios le había hecho meterse en esta pandilla de locos llamada In-Genious...

Pero el ensayo salió a pedir de boca. Ensayamos todas las escenas en las que sale Jorge, porque desgraciadamente había estado de baja durante dos ensayos (y juro que no tuve nada que ver, quien diga lo contrario es un cerdo mentiroso).

Y lo mejor, sin duda, fue la escena del tango. Miguelillo es el encargado de coreografiar la escena, mientras que yo me encargo de dirigir a los actores en los diálogos. Es una tarea muy ardua, ya que ni Pedro ni Ana han bailado un tango en su vida. Todavía no tenemos muy claro qué canción escoger, pero muy posiblemente cojamos el Tango de Roxanne (petición expresa de Ana bajo amenaza de muerte) sin letra, aunque bajo mi punto de vista es demasiado complejo de coreografiar.

Si Ana se hace un nudo en las piernas tratando de hacer el ocho...

Miguelillo les ha dejado muy claro que es el chico el que dirige a la chica pero, ¿qué pasa si el chico no tiene ni idea de cómo se baila un tango? Veremos a ver qué hacemos; de momento, vuelco todas mis esperanzas en Miguel, que tuvo que repetir cientos de veces la famosa frase "cierre de tango". Y es que Ana no cerraba, golpeaba sus tobillos de manera violenta el uno contra el otro. Se va a dejar un hueso, a este paso.

Y todo el mundo echando la culpa del desconcierto a mi nariz verde del buen rollo.

El caso es que, después de bastante esfuerzo, Ana consiguió hacer el ocho con cierta fluidez sin perder un miembro en el intento y sin pisar a Miguelillo, que debería haberse puesto botas de buzo para enseñarla a bailar.

Y ahora tocaba deslizar la pierna de manera sensual por el muslo de Miguelillo... y, según Ana, ella es menos sensual que una octogenaria con tutú rosa.

Y, a todo esto, Pedro seguía clamando al cielo en silencio, mientras pensaba en el número de teléfono de un buen psicólogo...

Pero yo era feliz con mi nariz verde...